Un agradecimiento especial, a un hombre que nunca conocí, pero que su historia, con honores, esquivó el paso imperdonable del tiempo, un hombre  no se inmortaliza , pero una idea no muere mientras exista en un rincón del recuerdo.

 A Marcelino Calero se le acusaba de un crimen que jamás cometió. Al tata de los de los Vargas lo habían asesinado alguien de los Calero , pero no fue Marcelino. Yo  no le deseo el mal a nadie, pero si alguien merecía ese castigo, en estos tiempos de violencia era Hernán Vargas, era como uno de esos perros de mala sangre, que muerde hasta el que le tira un pedazo de carne. Ese viejo desgraciado espantaba al ganado, cortaba las cercas y apaleaba los siembros.

Pero Marcelino Calero era inocente, al Vargas lo había asesinado el primo Luis, que pidió ayuda   al hijo de Ernesto porque el no se animaba a hacerlo solo. Los Vargas Tenían mala sangre en las venas, calculo  que si a uno de ellos se cortara y desangrara , el rojo jugo que se derramara al suelo, mataría la vida y ni en cien años volvería a verse crecer escobilla de zacate o gusano alguno en ese lugar. Cuando llegan a la cantina del centro nadie podía quedarse allí o ellos lo mataban a balazos. 

Al filo del  veranillo de San Juan y con esa aura que cubre como  sereno a la luna, presagio seguro de un día de lluvia torrencial; Alfredo Cruz estaba en  la barra adormecido en un sueño de alcohol profundo que solo la pelona galopante parca podría despertar;y así fue ,los Vargas llegaron y hasta el Cadejos con sus cadenas se fue, era el cholo Alfredo que ni con los gritos de la llorona se despertó. El descuido le costo la vida.

Me cuenta Angel Castro, que una vez en la loma de Picoblanco apostaron a sacar puntería con polaco que venía a la distancia, que afamado en su labor de cobro apenas sintió el proyectil lanzado con sarna , que le entro por la   oreja, le pulverizó la sien y le salió reventando por detrás de la nuca. Nadie pudo hacer nada, ellos eran intocables. Juan ,el tata, era el jefe de los guardaespaldas del general.

Pero Marcelino Calero era inocente de esa culpa que le señalaban. Era sábado de gloria, y por ser día santo , el Tata Vargas no andaba el revolver, lo dejaba resguardado en casa para respetar la festividad. Aunque lo hubiera andado no creo que pudiese sacarlo, envuelto en vendas de trapo cuidadosamente doblado y dentro de la alforja que llevaba a su espalda; dudo que tuviera momento para sacarlo.

Era extraño, su finca era toda verdor y la atravesaba el río, torrente de vida para todo a su alrededor. Pero el vivía en  la loma más seca de todo el lugar ,donde el agua solo llegaba en las tardes de lluvia de los meses noviembre. Su finca era famosa en todo el pueblo por los deliciosos mangos del sembradío que estaban entre el cafetal y el río.

Cuenta la tía Irene que todos los sábados  le Tata Vargas compraba en el beneficio cuatro sacos de azúcar para echarlos en las raíces de los árboles, esos mangos eran dulces aun teniendo la cascara verde . Esa fama se había extendido como la noticia de festín de mortandad entre los zopilotes, desde el pueblo vecino venían a robar los dulces mangos. Pero ese sábado de gloria eran Luis y Ernesto  los que  venían a disfrutar del ilícito manjar,y  además aprovechar para vengar la muerte de padre, a mano de uno de los Vargas .

Pero Marcelino Calero era inocente de maldad que otros le atribuían. Ese sábado como otros días el Tata Vargas viajaba con su caballo al río para llevar agua a su  seca casa. Al detenerse para  arreglar la cerca que vio partida, cerca que había sido cortada a modo de emboscada.

Por como estaba su cuerpo , el hombre se defendió como pudo .Siete machetazos en su cuerpo dan cuenta de ello. Uno le había partido el rostro desde la raíz de la oreja hasta la base de la boca, se le salían los dientes por la mejilla  en una forzada y torcida sonrisa. Otra herida le había partido la cabeza a la altura de la frente y la molleja. De las otras heridas no me acuerdo,estas que primero mencione captaron toda mi atención .Los signos de lucha  eran evidentes la tarraja con que hacia relinchar a su  rocinante, estaba partida en tres , no permitía pensar otra cosa.Cuando faltaba el cuchillo y el fusil la cincha de cuero arrollada en la mano y un trozo de madera a  manera de bordón podían salvar la vida. Pero por esta vez por más fuerza y lucha contra dos bien armados, el Tata Vargas no pudo.

En el cerro que esta al pasar el río, rodeado por el cafetal, del lado contrario de donde se acuesta el sol vimos moverse a  lo lejos, desplazándose por entre los almendros del claro dos bultos deseosos del escape.Pedro Marín también los vio eran los asesinos que  como la Tulevieja espantada por la chispa reventada del fogón corrían colina abajo. 

El juez que hacia el parte de la  muerte para poder retirar el cuerpo ya se había ido....

 Eran días violentos, pero se respetaba el duelo del caso.

Los cuatro guardias que llegaron a  levantar el cuerpo no fueron difíciles de persuadir, por unos cuantos reales se unieron a la casa de  los bastardos.A uno lo mataron de un balazo el otro logro escapar.

Después de eso empezó la matanza. No se podían cruzar de frente ,los Vargas y los Calero, porque corrían como ríos con agua violenta de sangre,las peleas eran cotidianas. Morían en misa, en el bar, en la calle, en las cogidas de café ,en la zafra,pero en las fiestas del santo patrón del pueblo, el divino niño, la sangre corrió como nunca antes;machetes , palos , piedras, revólveres,  fueron las herramientas, la obra final,como nunca se había visto desde la guerra de la revolución .

Las familias se exterminaban hasta no poder. A los entierros solo asistían mujeres sollozantes y niños huérfanos. Ningún hombres aparecía, porque sería el detonante de una explosión de violencia, las velas de los muertos, eran los lugares favoritos de ataque, no dejaban terminar ni el ave María y el padre nuestro del tercer ministerio cuando interrumpían el  rosario en carnicera pelea.La situación era tal que mandaban emisarios , enviados de la parca muerte , a la casa de los ataúdes, para matar a los hombres que llegaban a recoger la caja fúnebre.

De los Vargas en el pueblo solo quedo la señora madre, en su casa entablada junto  al guapinol. Quedó también todo un panteón poblada de blancas cruces celosamente apartadas como agua y aceite.Las viudas y huérfanos de unos  llevan flores a la parte norte junto  a  la capilla.Los familiares de otros viajaban al lado opuesto , emigraban rumbo al sur con sus oraciones y lamentos.

 El menor de los Vargas escapó a tiempo del pueblo junto con su primo Tomas. Escaparon a la capital para no ver correr mas sangre  mezclarse con el lodo del suelo.Pero Tomas fue asesinado en la ruta de la peregrina en el último asiento de ese bus,no escapo a la venganza de un Calero.

Maldita  vida e implacable destino, que puede ser venganza o mera casualidad .Federico el menor de los Vargas, que había escapado ala ciudad logro sobrevivir y llevar una larga vida. Encontró una mujer buena como la manzanilla, pura como el agua de manantial y trabajadora como buey de carreta. De esa unión nació un solo retoño, signo palpable de ese amor. Una niña hermosa de piel morena y cabello oscuro negro solo como la pupila de su ojo ,su nombre era Maripaz del Milagro Vargas Calero.

Marcelino Calero no era culpable del crimen que el dedo acusador le achacaba, pero él y las dos familias abonaron con sangre y lágrimas el terreno de donde tal vez germine la última esperanza de salvación en este mundo de incomprensión y violencia.


EN LA NUBE DEL OLVIDO HAY UNA LUZ DE RECUERDO,
ESA ERES TU QUE PARA MI  NO HAS MUERTO.

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J.G.H.C.

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