De plástico y oro.

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  La singularidad del ser humano es a veces desconcertante, tenemos opiniones como tenemos cantidad de personas distintas. Ante un mismo escenario o situación cada uno de nosotros puede y va a reaccionar de diferentes maneras, cada uno trata de dimensionar una situación de manera que la pueda asimilar dentro de los parámetros de nuestro propio entendimiento.

  Algunos más críticos que otros, permiten ampliar su entendimiento, al dar cabida a la posibilidad de que el suyo no es el único e incuestionable punto de vista.

  Entre las cafeterías y los bares, están los dos lugares preferidos de los individuos para ventilar o des ahogar sus acallados demonios internos, y en uno de estos lugares como es normal, escuché de forma cruzada la conversación, que hoy da pie al tema de desarrollo.

  Es lunes por la mañana, y como es común me encuentro desayunando café y frituras en el banco de una barra de la soda de la localidad, y dos hombres a mi lado charlan sobre trivialidades de la farándula nacional, que no llama mi atención más de lo habitual. Sin embargo y antes de levantarme, el hombre a mi lado, le recrimina al dueño del negocio, el hecho de que tenga pajillas para el uso de sus comensales, y continúa increpándolo de su in conciencia con el medio ambiente y con las pobres tortugas que mueren o viven torturadas por un trozo de plástico enganchado en su cuerpo.

  Le hace saber que en el hotel todo incluido que visitó en sus últimas vacaciones, ya no servían bebidas con pajillas y que la gente que estaba allí entendía, la falta de la herramienta de succión era completamente comprensible, en nombre del bien del medio ambiente, también le recuerda que diariamente se desechan miles de pajillas de plástico de un solo uso, que miles de seres marinos mueren todos los días por la ingesta involuntaria de residuos de plástico, que son desechados al mar por la acción contaminante y sin conciencia de personas como él ( dueño de una soda de pueblo), que no pensaban en el impacto que sus acciones tenían en las animales y el medio ambiento que lo rodeaba.  El dueño de la soda, ante el vendaval de increpaciones, lo más que alcanza a decir, es que si por el fuera, el no usaría esas pajillas, ya que era un gasto adicional para su presupuesto, y que sin embargo las tenía, ya que existían personas que aún la solicitaban para disfrutar de su bebida.


 Justo en medio la charla, cuando ya el increpador tenía ganada la discusión, atino a ver la mano izquierda del comensal, y logro ver un brillante reloj de pulsera con varios y relucientes enchapes de oro.En ese momento caigo en cuenta y sin embrago no externo mi opinión; pienso en mis adentros, sobre un reciente documental que vi sobre la explotación minera de metales preciosos y el impacto que tiene para la naturaleza la perforación de minas, la extracción del metal a cielo abierto, la deforestación que acarrea, los animales que migran o mueren.

  Pienso en la contaminación de fuentes agua que sufren las comunidades donde se utiliza cianuro y mercurio, elementos que son altamente contaminantes. Pienso también en el impacto social de personas explotadas, pueblos re ubicados y hasta asesinatos que fueron fraguados en el seno de la explotación del metal precioso, utilizado, principalmente para decorar el cuello de alguna dama o la muñeca de algún caballero.

  Al final pienso, que nos es culpa del dueño de la soda, ni del hombre del fino reloj , es culpa de todos nosotros que inmersos en una cultura desechable y de un solo uso , no estamos dispuestos a sacrificar nuestra privilegiada comodidad , ya se para tomar un refresco o para tener más brillo en una joya , aún cuando esto significa afectar todo el entorno donde nos movemos.

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